Las gestiones para la apertura del centro comenzaron en 1931. El ayuntamiento de aquella época se hace eco de la acuciante necesidad de construcción de escuelas en la ciudad: según recoge José Antonio Guerrero en una revista publicada por el propio colegio con motivo de su sexagésimo aniversario, los maestros de la localidad en los años 30 hablaban de la suma de 1.000 alumnos a los que atender. En 1931 se aprueba en sesión plenaria la construcción de los Grupos Escolares, nombre por el que todavía, los más veteranos, recuerdan el colegio Pedro de Valencia. Estaría compuesto por 9 aulas: cuatro de niños, cuatro de niñas y uno de párvulos.
Tras un sinfín de trámites burocráticos, en 1935 se inauguraban los Grupos Escolares. Y hasta hoy.
Con todo, la primera dificultad no tardaría en llegar. En 1936 estalló la Guerra Civil en España, apenas un año después de su apertura, los colegiales se vieron obligados a abandonar su centro de estudios. En 1939, Antonio Zoido, alcalde de la localidad, ordenó su restauración para reparar los distintos daños sufridos en la misma.
El Pedro de Valencia siempre se ha repuesto de la adversidad. En 1945 hubo una gran epidemia de difteria, lo que mermó la asistencia a la clase por parte de los alumnos. En 1953 se inundó el colegio debido a las fuertes lluvias, y en 1965, las escuelas se encontraron sin titulares por falta de nombramiento. Pero a partir de los años setenta, las mejoras fueron consustanciales: comedor, todo tipo de reformas y la unión, en 1992, de la originaria Planta Baja con la primera mediante unas escaleras que mejoraron mucho la comunicación. Y, entre medio, un gran número de actividades complementarias: teatro, orquestas musicales, y un largo etcétera.
Y es que la década de los noventa fue la de novedades. El gimnasio, tan demandado, se terminó en 1994: permitió a los alumnos un espacio vital para el desarrollo de las actividades físicas. Incluso llegó en el mismo año el primer ordenador: uno muy simple que contenía juegos destinado a los párvulos y que despertaba la envidia entre los más mayores. «Es muy divertido a la vez que aprenden», escribía uno de los alumnos en un trabajo escolar que todavía se conserva.
El patio infantil, recientemente terminado, ha sido el último paso recorrido por este histórico centro. Actualmente, el Pedro de Valencia, que alberga en sus clases a alumnos desde primero de infantil hasta sexto de primaria, cuenta con 27 profesores y 408 alumnos, repartidos en 18 cursos. Se adapta a las exigencias del mundo actual. Antonia Granero Morales, su directora, reitera, por ejemplo, la importancia del inglés para el centro. «Tenemos una biblioteca de inglés y seguimos un método de enseñanza anglosajón. Es muy importante». Francisco Croche, cronista oficial de Zafra e ilustre paisano, escribe lo siguiente. «Hay que reconocerle al Pedro de Valencia el papel que sus aulas y sus moradores han desempeñado en el devenir presente y futuro de nuestra ciudad».